Cuarta Aproximación

Consigna N° 8

Desde la cátedra se nos invitó a poner en común nuestras trayectorias personales, considerando en cada caso, ¿cómo fue nuestra relación personal con el campo educativo? y así reflexionar sobre los rasgos con los que aparece la práctica docente.




Lo primero que reconocimos fueron las grandes distancias geográficas que existen entre nuestros lugares de procedencia. Si bien tres de lxs miembros del grupo nacieron y aún viven en la ciudad de Córdoba, las cuatro miembros restantes provienen de poblaciones del interior de la provincia de Córdoba  (Toledo y Pilar), de otra provincia (La Pampa) y otro país (Perú). En este sentido, entendimos que la existencia de contextos diversos (lo que por cierto define la existencia de circunstancias sociales, económicas y culturales particulares, de rutinas y modos de relacionarse) afectó y determinó que los procesos educativos, por cuales cada unx atravesó, adquirieran características específicas.

De igual modo, entendimos que el carácter público o privado de las escuelas donde estudiamos, tuvo una clara influencia sobre las relaciones que entablamos durante los años que transcurrimos en la educación inicial, primaria y secundaria. Mientras que en la escuela pública era posible entrar en contacto con niños y adolescentes de niveles económicos y realidades variadas; en las instituciones privadas, el costo de matrícula, las cuotas mensuales y uniformes, actuaban como parámetro, limitando el acceso sólo a aquellas familias que pudieran enfrentar tales costos. Mientras que en un ámbito público se da lugar a la diversidad de realidades en constante interacción, en el ámbito privado, las limitaciones financieras, determinaron que los círculos sociales dentro de los cuales nos desenvolvíamos, tendiesen a la homogeneización de las experiencias y realidades sociales.

En paralelo identificamos que cada uno (por decisión propia o de nuestros padres) participó de una serie de actividades extracurriculares y recreativas que buscaban promover nuestra socialización en otros ámbitos fuera del escolar. Entre las actividades que se mencionaron, estuvieron: el cursado de algún idioma (como inglés, italiano o francés),  la práctica de un deporte (como tenis, natación, hockey, telas, entre otros), y la participación en grupos juveniles y voluntariados.
No obstante estas diferencias, coincidimos en que, tanto a nivel de la escuela pública o privada, se promueve el desarrollo de procesos de enseñanza y aprendizaje similares, buscando impartir una gama de saberes estándares, a partir de la planificación y ejecución de estrategias tradicionales. Esto se refleja por ejemplo, en el hecho de que en ambos ámbitos, el aula es el espacio primordial para la impartición de los conocimientos; además, se proponen pocas instancias de participación de los estudiantes con otros actores dentro de la sociedad y “por fuera” del colegio. Por último, también identificamos que durante nuestro cursado, fueron escasos los espacios curriculares que apelaban al desarrollo de habilidades y destrezas técnicas y prácticas, que nos permitieran una rápida inserción social y laboral. Por el contrario, el bagaje de conocimientos que recordamos haber adquirido, era en su mayoría teórico, y ligado a las posibilidades que proporcionaban los manuales de cada materia; en relación con ello, el uso del gabinete de computación era limitado y no se brindaban las herramientas necesarias para gestionar búsquedas en Internet, seleccionar fuentes de información adecuadas, y gestionar y administrar páginas webs, blog, “círculos sociales” (luego devenidas en las llamadas “redes sociales”), etc.

Otra cuestión que fue reconocida en el debate grupal, se relaciona con el gusto por aquellas materias de carácter social, entre las que encontramos por ejemplo: comunicación, antropología, psicología, sociología, animación sociocultural e historia.

Si bien no todxs cursamos orientaciones relacionadas, específicamente, con las humanidades o ciencias sociales,  en aquellos casos en los que se optó por una orientación distinta (como por ejemplo, inglés, administración y economía, o ciencias naturales) las razones que definieron esa decisión estuvieron relacionadas con la posibilidad de mantener el grupo de amigos o la búsqueda de horarios de cursado más convenientes, entre otras.
Otra de las particularidades que encontramos a partir de la puesta en común, estuvo relacionada con que, salvo dos miembros del grupo, en el resto de los casos se trató de una formación católica. Coincidentemente, la opción por este tipo de colegios, se debió, como en muchas otras ocasiones, al prejuicio social que existe en relación a las condiciones, facilidades y potencialidades de la educación formal privada, por sobre la pública.

Partiendo del planteo anterior, algo que llamó nuestra atención fue que a pesar de nuestra tránsito por instituciones privadas y católicas, al momento de decidir por un espacio para capacitarnos y formarnos como profesionales, ninguno  tuvo dudas sobre que la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, era el lugar indicado. Cabe aclarar que se trata de un espacio de formación público y laico, favoreciendo la integración y acercamiento  de una multiplicidad de personas, con rutinas, estilos de vida, modos de pensar y entender distintos.

Con base en estas circunstancias, consideramos que nuestro ingreso y paso por la universidad pública nos obligó a socializar y convivir con otros distintos;  formándonos no sólo intelectualmente, sino también, entrenandonos en capacidades básicas como la escucha, la reflexión, el debate y la aceptación de la alteridad. Capacidades como estas son indispensables si se busca a futuro lograr insertarse y vivir en sociedad; son atributos fundamentales que dan lugar a prácticas sociales democráticas y participativas, inclusivas y críticas (basadas en el saber y la información).

Finalmente, el ingresar al sistema universitario y cursar la licenciatura en comunicación social, nos permitió tomar contacto con experiencias y situaciones totalmente novedosas. Transitamos por distintas cátedras y adquirimos gran cantidad de saberes, tuvimos contacto con diversos profesores y experimentamos sus propuestas de trabajo, compartimos el cursado con compañeros y participamos políticamente de la vida institucional de la ECI.

Todo esto nos llevó a buscar un mayor involucramiento, que se refleja por ejemplo, en nuestra participación en las cátedras en calidad de ayudantes alumnos, en prácticas de extensión e investigación.

En cuanto al rol de ayudantes alumnos, creemos que las cátedras fueron instancias que nos permitieron, por un lado, una profundización sobre temáticas y ramas del conocimiento de nuestro interés; y por otro lado, tener contacto directo con la tarea docente, distanciandonos un poco del lugar de estudiantes, buscando  entender las dinámicas de una clase, y la importancia del trabajo colaborativo entre el docente y los estudiantes.

Cabe aclarar, que para varios de lxs miembros de este grupo, la tarea docente resulta familiar, puesto que en su entorno personal existen parientes (padres, tíos, abuelos,etc) que ejercen la docencia en los diferentes niveles.  Por este motivo, consideramos que nuestro acercamiento a la tarea docente tuvo su base, en primer lugar, en experiencias pasadas, en los testimonios de nuestros padres y la transmisión de una vocación por la enseñanza como espacio para el empoderamiento de los aprendientes y su desarrollo personal y social en esta sociedad.

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